Después de más de dos semanas de huelgas y marchas, represión y
enfrentamientos, lo cierto es que el plazo verbal entre el Gobierno y los
trabajadores asalariados venció y lo que ahora se analiza es la sostenibilidad
de las peticiones del sector asalariado.
El pasado 21 de junio venció el plazo para incorporar
los 34 artículos revisados por el legislativo, sin embargo el debate
sobre los daños laborables se desarrolla por la petición de la Central Obrera Boliviana, quien reclama reciban
un trato similar en el sistema de pensiones de jubilación, el que beneficia a
los militares con el cien por ciento.
Basados en la Constitución y la Ley 045 la petición
de los trabajadores debería ser por completo razonable, pues debería garantizar de forma igualitaria el sistema de jubilación,
por otro lado también se ve la quien administrará los aportes. Si lo primero ocurre
y como ha revelado el Gobierno, en treinta años el sistema de pensiones
colapsará dejando en la incertidumbre a miles de futuros jubilados y si no
ocurre obligara a los trabajadores a tener una vida laboral más larga.
Cabe decir también que si el Estado
forma parte de la administración de estos fondos existe el peligro de que la inversión de los aportes sea destinada a
proyectos ajenos al interés de los aportantes y en ese caso, los aportantes no podrán
afrontar con seguridad las obligaciones de pagar las prestaciones.
Entonces una solución a este conflicto
debe garantizar condiciones equitativas lo que será económicamente imposible si
se lo hace al cien por ciento, lo justo sería que, tanto como militares y
obreros, reciban el setenta por ciento que propone el Gobierno. Pero no estamos
absueltos del surgimiento de nuevos problemas. En este acierto se avizoraría
nuevos conflictos con los militares.
Y como ocurrió con los médicos la solución del
gobierno será reducir las horas de trabajo.
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